Una nueva adicción de la que deberías estar enterado: información

Una especie de sobrecarga que en el mejor de los casos angustia, confunde, obnubila, desmotiva, desubica y sobre todo... paraliza.

Actualizado el 23 de abril del 2017

por Rafael Juárez

A mis 15 años todas las personas que yo conocía cabían en un papelito que, aunque arrugadito y doblado en 4, cabía sin problemas en mi  billetera. En ese papelito yo almacenaba su información: sus nombres y teléfonos locales. Eran si acaso 40 personas con un dato cada una: su teléfono, el teléfono de su casa. Yo les conocía a todos, ¡por eso tenía su teléfono! Eventualmente ¡hablaba con todas esas personas! y a más de la mitad, los veía regularmente en persona.

Actualmente mi libreta de direcciones de Gmail contiene 11.000 contactos. Muchos ya ni sé quiénes son. No sé cómo llegaron ahí pero sé que YO los agregué y que algún día supe quiénes eran. Cada contacto tiene datos como: teléfono de casa, móvil(es), e-mail, e-mails secundarios, messenger, Facebook, Twitter, etc.

A mis 21 años recuerdo que todos los programas que yo usaba y toda la información que yo produje, hasta ese entonces, cabían en una caja de 20 diskettes de 3 ½ que almacenaban 1.4 MB cada uno.

Hoy tengo dos discos duros de 500 GB con alrededor de 250 videos (cortos, documentales, películas y series de tv), más de 150.000 fotos, unos 5.600 historiales de chat, más de 100 GB de mi autoría, 80 GB de páginas web, más de 150 programas, plugins y tweaks instalados, alrededor de unas 2.300 urls almacenadas en mis marcadores favoritos y alrededor de 150.000 mensajes en mi Gmail (todos leídos). Tengo 1.500 “amigos” en Facebook y alrededor de 800 “seguidores” entre mis dos cuentas de Twitter. Además tengo cuentas en Twitlonger, Twitpic, Hootsuite, un blog de Tumblr, dos blogs, una cuenta en Foursquare, Evernote, Msn, Google+, Llinkedin, ifttt.com, un antiguo perfil en hi5.com, Netlog, Badoo, amigos.com, quepasa.com, quenopasa.com y quetepasa.com, entre otras mil que ahora no quiero recordar.

Uno se pregunta:

¿Y cómo hace uno para manejar 11.000 contactos ?

¿Cómo se disfruta un TERABYTE de videos?

¿Como se habla con 1.500 amigos?

¿Cómo se complace a 800 personas?

La respuesta es: NO, no se puede.

Estamos “diseñados” para ignorar la mayor cantidad de datos que percibimos, todo en pro de lograr enfocarnos en los elementos que nos permiten la supervivencia. Nuestro cerebro dedica más actividad a las tareas de enfoque que a las tareas de recopilación o  aprendizaje de cosas nuevas. Somos naturalmente especialistas en IGNORAR estímulos y enfocarnos en un pequeño porcentaje de ellos, estrechamente relacionados con nuestros intereses, primero los básicos: supervivencia y apareamiento; y luego los más abstractos:  reconocimiento social, apegos, etc.

De entre muchísimas otras cosas, lo más significativo de “La Era Digital” es la cantidad de información (programas de TV, páginas web, juegos, personas en nuestro círculo social, publicidad, Internet, smartphones, gadgets, electrodomésticos, tratamientos médicos, avances científicos y tecnológicos, etc.) a la que nos vemos expuestos, la cual crece exponencialmente día día.

A mayor cantidad de información, más difícil discriminar, elegir, organizar, analizar y discriminar (para descartar) los diferentes estímulos informativos que constante y  abundantemente nos bombardean por mútiples medios.

El verdadero problema es que toda esa gigante, abrumadora y titánica cantidad de información que nos llega, y que deberíamos “descartar”, es que en realidad no la descartamos del todo, sino que parte de ella se cuela a nuestra mente en forma de una telaraña abstracta, densa y desorganizada de ideas y emociones sin sentido, sin utilidad, sin principio ni fin. Es como una especie de “sobrecarga del subconsciente” que en el mejor de los casos angustia, confunde, obnubila, desmotiva, desubica y sobre todo: paraliza.

No es una ilusión

Nos estamos confundiendo cada vez más, sumidos en una tormenta de datos, contactos, fotos, videos, páginas web, redes sociales y mensajes privados. Cada vez más perdemos el control sobre qué cosas hacemos nuestras y qué cosas nos obnubilan. La realidad se está transformando en una experiencia irreal y onírica, adquiriendo un velo de fantasía inconsecuente, soledad y entumecimiento.

El creciente flujo de información al que nos exponemos hace que cada vez sea más difícil convertirse en una persona “centrada”, sensata y coherente, socialmente cálida, consciente de su entorno y… feliz. Difícil para mí de más de 40, que viví en la era pre digital; casi imposible para alguien de 15.

Aún cuando sabemos que concientizamos el 10% de lo que leemos / vemos / escuchamos, que recordamos el 10% de lo que concientizamos… y que usamos el  10% de lo que recordamos…. no podemos dejar de someternos al río de información que representan las 5 redes sociales en las que estamos inscritos, las 10 páginas de noticias que visitamos, los 500 canales de cable que “zappeamos”, los 1.500 “amigos” virtuales, los 15 artículos que “tenemos pendiente por comprar” en alguna tienda online del exterior, los 30 GB de música y videos ilegales que nos descargamos pero que no hemos visto… todo a través de los 3 aparatos electrónicos recién comprados que ni siquiera sabemos usar a fondo, comprados con una tarjeta de crédito en la que la paloma ya parece un zamuro (buitre suramericano venido a menos) de tanto ‘palo’ que ha llevado.

Compulsivamente nos embadurnamos día a día de toneladas virtuales de información la cual apreciamos MUY poco por su significado, utilidad, o validez… si no por la abundancia de su FLUJO. Necesitamos cada vez más: noticias, amigos, series de tv, redes sociales, inventos, dinero, pulgadas, gigas, megahertz. Necesitamos ver esos timelines de twitter fluir como las letricas de Matrix, necesitamos descargar esos documentales y películas para ponerlos en el fondo mientras chateamos…

Al final no leemos, no aprendemos, no mejoramos… no somos más felices… solo nos entretenemos… mientras trabajamos… para comprar las cosas con las que nos entretenemos… y además comida.

Consumimos información como adictos.

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